La multitud es su elemento, como el aire para los pájaros y el agua para los peces. Su pasión y su profesión le llevan a hacerse una sola carne con la multitud. Para el perfecto flâneur, para el observador apasionado, es una alegría inmensa establecer su morada en el corazón de la multitud, entre el flujo y reflujo del movimiento, en medio de lo fugitivo y lo infinito. Estar lejos del hogar y aun así sentirse en casa en cualquier parte, contemplar el mundo, estar en el centro del mundo, y sin embargo pasar inadvertido —tales son los pequeños placeres de estos espíritus independientes, apasionados, incorruptibles, que la lengua apenas alcanza a definir torpemente. El espectador es un príncipe que vaya donde vaya se regocija en su anonimato. El amante de la vida hace del mundo entero su familia...”
Para Benjamin, el flâneur conoce su fin con la llegada de la
sociedad de consumo. En estos textos, el flâneur
es a menudo yuxtapuesto a la figura del badaud, el "mirón" o "papanatas". Fournel escribe:
«El flâneur no debe confundirse con el badaud; hay un matiz.
(...) El flâneur puro se halla siempre en completo dominio de su
individualidad, mientras que la individualidad del badaud desaparece. Es
absorbida por el mundo exterior (...) que lo contamina hasta el punto de
olvidarse de sí mismo. Influido por el espectáculo que ofrece de su persona, el
badaud se convierte en un ser impersonal; ya no es un ser humano, es
parte del público, de la masa.
…ser al mismo tiempo "parte de" algo y estar "aparte
de" ese algo, entraña cuestiones sociológicas, antropológicas,
literarias e históricas que tienen que ver con la relación entre el individuo y
la población a la que pertenece.
La ciudad moderna fue el escenario que dio a luz a un nuevo
individuo, con una percepción diferente del tiempo y del espacio, de la
libertad y del bienestar:
Desde su óptica marxista, Benjamin concibió al flâneur
como un producto singular de la vida moderna y la Revolución
Industrial, trazando un paralelismo
con la figura contemporánea del turista, y describiéndolo como un burgués diletante, distanciado pero
enormemente sagaz. Benjamin llegó a convertirse él mismo en paradigma del flâneur,
haciendo numerosas observaciones sociales y estéticas durante sus largos y
gratos paseos por París.
La vocación del flâneur es la observación objetiva pero
estéticamente armoniosa, lo que ha favorecido su adopción en el campo de la
fotografía, especialmente en la fotografía callejera. El fotógrafo de la calle aparece así como una extensión moderna
del observador urbano descrito por Fournel a finales del XIX, antes de la
llegada de la cámara portátil:
La aplicación más notable del flâneur a la fotografía urbana
probablemente tenga su origen en el ensayo Sobre la fotografía (1977) de
Susan Sontag. En él se explica
que, gracias al desarrollo de las cámaras compactas en el siglo XX, la cámara
fotográfica se ha convertido en la herramienta por excelencia del flâneur:
El fotógrafo representa una versión armada del paseante solitario
que explora, que acecha, que cruza el infierno urbano, el caminante voyeurista
que descubre la ciudad como un paisaje de extremos voluptuosos. Maestro en el
gozo de observar, avezado en la empatía, el flâneur encuentra el mundo
"pintoresco".
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