Tener un hijo, plantar un árbol, escribir un libro…
La escritura como un acto, una forma de desafiar a la muerte, a la muerte provocada por el adormecimiento que produce estar sometido al sentido.
Escribir como conquista de libertad, un acto revolucionario individual, la metáfora que libera al significante del sentido.
Partir del arraigo al sentido hacia el desconocimiento de la palabra que vendrá. Escribir es viajar por la memoria, zarpar desde un puerto conocido, colmado de significación hacia nuevas orillas, con la plena convicción de que ya no habrá más ataduras, bordear las costas sin anclar en ajenos significados que rápidamente nos devolverán a los antiguos. Ir a la deriva con viento en popa, nombrarnos, decir sin sentido, para que la muerte no gane tanto, por un instante dueño, arando el propio surco.
Despojarse del temor de lo ya dicho y animarse a una nueva combinatoria que dará cuenta de la diferencia, el estilo, una nueva marca creciendo en la entraña de la primera huella. Es en ese océano de palabras por el que nada el sujeto y con ellas va moldeando su vacío.
Escribir es dibujar sonidos.
...“es
por lo tanto y por la menor de sus palabras, que el sujeto habla, que no puede
hacer sino como siempre, una vez más, nombrarse sin saberlo, sin saber con qué
nombre” (1)
Escribo,
intento limitar exactamente el perfil de una idea, de un acto. En resumidas
cuentas, circundo fantasmas, hallo los contornos del vacío, dibujo.” (2)
“lo
desconocido que uno lleva en sí mismo: escribir eso es lo que se consigue. Eso
o nada”. (3)
“La
escritura: la escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo
escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida”. (4)
1)J.Lacan; 2)J.Cocteau:3) y 4) M.duras