domingo, 16 de octubre de 2016

¿Sabés que es “flaneur”?



La multitud es su elemento, como el aire para los pájaros y el agua para los peces. Su pasión y su profesión le llevan a hacerse una sola carne con la multitud. Para el perfecto flâneur, para el observador apasionado, es una alegría inmensa establecer su morada en el corazón de la multitud, entre el flujo y reflujo del movimiento, en medio de lo fugitivo y lo infinito. Estar lejos del hogar y aun así sentirse en casa en cualquier parte, contemplar el mundo, estar en el centro del mundo, y sin embargo pasar inadvertido —tales son los pequeños placeres de estos espíritus independientes, apasionados, incorruptibles, que la lengua apenas alcanza a definir torpemente. El espectador es un príncipe que vaya donde vaya se regocija en su anonimato. El amante de la vida hace del mundo entero su familia...”
Para Benjamin, el flâneur conoce su fin con la llegada de la sociedad de consumo. En estos textos, el flâneur es a menudo yuxtapuesto a la figura del badaud, el "mirón" o "papanatas". Fournel escribe: «El flâneur no debe confundirse con el badaud; hay un matiz. (...) El flâneur puro se halla siempre en completo dominio de su individualidad, mientras que la individualidad del badaud desaparece. Es absorbida por el mundo exterior (...) que lo contamina hasta el punto de olvidarse de sí mismo. Influido por el espectáculo que ofrece de su persona, el badaud se convierte en un ser impersonal; ya no es un ser humano, es parte del público, de la masa.
…ser al mismo tiempo "parte de" algo y estar "aparte de" ese algo, entraña cuestiones sociológicas, antropológicas, literarias e históricas que tienen que ver con la relación entre el individuo y la población a la que pertenece.
La ciudad moderna fue el escenario que dio a luz a un nuevo individuo, con una percepción diferente del tiempo y del espacio, de la libertad y del bienestar:
Desde su óptica marxista, Benjamin concibió al flâneur como un producto singular de la vida moderna y la Revolución Industrial, trazando un paralelismo con la figura contemporánea del turista, y describiéndolo como un burgués diletante, distanciado pero enormemente sagaz. Benjamin llegó a convertirse él mismo en paradigma del flâneur, haciendo numerosas observaciones sociales y estéticas durante sus largos y gratos paseos por París.
La vocación del flâneur es la observación objetiva pero estéticamente armoniosa, lo que ha favorecido su adopción en el campo de la fotografía, especialmente en la fotografía callejera. El fotógrafo de la calle aparece así como una extensión moderna del observador urbano descrito por Fournel a finales del XIX, antes de la llegada de la cámara portátil:
La aplicación más notable del flâneur a la fotografía urbana probablemente tenga su origen en el ensayo Sobre la fotografía (1977) de Susan Sontag. En él se explica que, gracias al desarrollo de las cámaras compactas en el siglo XX, la cámara fotográfica se ha convertido en la herramienta por excelencia del flâneur:
El fotógrafo representa una versión armada del paseante solitario que explora, que acecha, que cruza el infierno urbano, el caminante voyeurista que descubre la ciudad como un paisaje de extremos voluptuosos. Maestro en el gozo de observar, avezado en la empatía, el flâneur encuentra el mundo "pintoresco".



sábado, 2 de julio de 2016

Relato breve de Lidia Monserrat


La copa

Los brindis siempre me gustaron, quién sabe por qué, y ahora que te hago este comentario me viene el recuerdo de un fin de año que a mi papá, quien sabía disfrutar de las celebraciones, se le antojó y acepté divertida, hacernos los millonarios y estrellar las copas contra el piso después de brindar. Quizás, ahora se me ocurre, tenga relación con algo que me sucedió hace mucho, y que recién cuando brindamos me dieron ganas de contarte.
Fue a fines de los setenta, a poco más de un año de la muerte de mi padre, lo que ocurrió la noche de una fiesta familiar absolutamente ajena para mí, aunque obviamente yo sabía que compartiría el lenguaje común de cualquier celebración porteña, clase media. Podría decir que esa paradoja, justamente, entre la cercanía y extrañeza que aquel festejo me producía, fue la causa de lo sucedido. No es que crea que yo la provoqué, pero sí que por un instante el universo me envió una señal, irremediable y me lanzó al vacío.
Como en toda celebración circularon el alcohol y la música, y a ese ritmo se fue articulando, como siempre, el humor de los invitados hasta que se impuso el baile. Y bailé, un poco loca y aturdida, integrada a la algarabía general. Entonces sucedió el primer indicio de aquella noche embrujada.
Para nosotros, jóvenes de aquella época, el tango nos era un” fuera de lugar”, conocido y desairado, en consecuencia, nadie de mis pares sabía bailarlo. Así de forma cómica salimos igual a intentarlo, yo marcaba inútilmente el paso, para que mi compañero enganchara el dos por cuatro y me reía.
En esos vericuetos andábamos cuando un padre me vio lidiando, se acercó y dijo canchero a mi partenaire “déjame a mí, ella sabe”. Así me dejé llevar dócil como tantas veces por vos y mientras el tango era honrado una vez más, a mí se me congelaba la sonrisa en una mueca que todavía hoy siento, tratando de esquivar los recuerdos que como una bandada de pájaros se arremolinaban en mi cabeza: aquellas nuestras fiestas y nuestro ritual del tango que vos que me habías enseñado y repetíamos en cada ocasión, orgullosos.
El baile siguió, por supuesto otros temas sonaron.
Más tarde vino el champagne para el brindis, la música fue atenuándose para dar paso al levantar de copas en el unísono deseo de felicidad al cumpleañero. Entonces, de súbito y frente al asombro de todos, la copa que mi mano elevaba estalló en miles de cristalitos, derramando el líquido ámbar, ahora pienso como lágrimas. Otra vez todas las miradas se posaron sobre mí, ya no por mi destreza con el tango, sino porque una misteriosa energía, evidentemente mía, se había manifestado.

lunes, 18 de enero de 2016

qué es la angustia


Angustia o Trastorno de ansiedad
sujeto u objeto
Hace aproximadamente veinte años, en el campo de la práctica que se constituye en la intersección entre la psiquiatría y el psicoanálisis, asistimos al advenimiento de los manuales DSM IV Y V como representantes del discurso del amo en este campo y con ellos a un cambio en la terminología y criterios diagnósticos, con los cuales se forman los psiquiatras actualmente. En simultáneo en la misma época ocurre un aumento notorio de las patologías nombradas por estos manuales como “trastorno de ansiedad”, y la progresiva desaparición del término angustia como también su concepto. Entonces siguiendo los consejos de Freud y de Lacan de que conviene que los psicoanalistas se contacten con su época, me pregunto ¿qué pasó? ¿Cómo fue que pasamos de neurosis de angustia a trastorno de ansiedad? ¿a qué obedece esta modificación que se produce en el pasaje de un siglo a otro? A finales del siglo XIX Kierkegaard da inicio al existencialismo y Freud al psicoanálisis, y con ellos la angustia toma forma, luego continúan Heidegger y Lacan. (sin descartar a muchos otros que de seguro abordaron el tema) Existe una lógica entre los postulados de estos pensadores. La idea de un ser desamparado, solo frente a la decisión de su acto, sin garantía. Kierkegaard le dedica dos textos al tema “Temor y Temblor” y “El concepto de Angustia”, en el primero analiza el momento de Abraham, en el texto bíblico, en el que Dios le pide que sacrifique a su hijo como acto de fe. En el segundo se reproduce la misma lógica, esta vez Adán frente a la prohibición de comer del árbol del saber. Se destaca en ambos casos la angustia ante la inminencia de la toma de decisión, el acto y la incertidumbre que conlleva. Introduce el tema del pecado y el saber, el salto y la caída. Heidegger da lugar a los sentimientos de desasosiego, desamparo original, el estado de preocupación y la espera, realiza una crítica a la filosofía de occidente que se ocupó de los entes y desestimó la pregunta por el ser. Conceptualiza el Dasein, el ser-ahí, en su existir y su accionar, en la línea del existencialismo. Freud le dedica cuatro textos al tema, separa neurosis de angustia de señal de angustia, describe cómo con la aplicación de su método, la asociación libre, se logra la remisión. Plantea la dificultad de aislarla de otros fenómenos como la inhibición y el síntoma, concluye en estos postulados: -es energía sexual acumulada que requiere descarga -es un afecto causado por la pérdida de un objeto -por la falta de representación de la muerte en el aparato psíquico Lacan le dedica todo un seminario, en el que trabajosamente aísla la angustia de los otros dos temas. La relación de la angustia con el deseo del Otro “¿qué me quiere?” Como presencia inquietante que evidencia la falta en el Otro, si desea es porque le falta. Entonces se abren dos alternativas para ese sujeto, qué objeto ser del otro, “ser para el otro” o perderse como objeto y constituirse en sujeto deseante. En lo real remite a los primeros objetos perdidos, en cada estadío pulsional en un primer tiempo mítico: seno, heces, falo, mirada y voz, los objetos a, a todos ellos el sujeto los pierde en esa primera experiencia, y continúa perdiéndolos una y otra vez en la significantización dado que la demanda no satisface el deseo. Y en lo simbólico a la pérdida que implica entrar en el campo del Otro, tesoro del significante, quedando el sujeto entre A y a, representado en la cadena significante por otro significante, huella borrada una y otra vez, pero pasible de ser leído en el análisis. Lacan repite insistentemente que la angustia se ubica antes, en un tiempo lógico, del instante de cesión, de desprendimiento del objeto, produciendo un vacío que pone en marcha el deseo, en consecuencia a como causa/vacío, no como objeto. Esta separación es estructural de la constitución del sujeto y lo formula de varias formas a lo largo de todo el seminario, el deseo apunta a la verdad de la falta. Coincide con Freud en que es un afecto displacentero, que no engaña, y como tal no está reprimido. Los afectos no están reprimidos, lo que está reprimido son los significantes que lo amarran. Esto me parece capital para la clínica, el uso de fármacos y la intervención terapéutica. Actuar es arrancarle a la angustia su certeza, se comprueba en la clínica, en la pregunta “¿qué hago?” Frente a la duda o el miedo antes de dar el salto, como dice Kierkegaard. El acto único lugar donde el sujeto se realiza, en objetos que son de la misma serie de los objetos a, “las obras”. Es decir que la salida de este estado es a través de la realización de aquellos actos propios que, si producen obras, mejor. Hay que destacar el hecho de que en la consulta el paciente presenta una formación clínica diferente a lo que estamos describiendo, es decir que la dificultad de aislar la angustia también es fenoménica, porque inmediatamente deviene en síntoma o inhibición. Por eso Lacan dice es anterior, en un tiempo lógico, al que se puede regresar y encontrar el significante amarrado. Los DSMIV y V realizan una clasificación en la que quedan confundidas la angustia, la ansiedad y las fobias. En el DSMV desaparece la palabra angustia y es reemplazada por miedo y ansiedad, miedo como un sentimiento que se deposita en algún objeto o situación y ansiedad como inquietud motora y estado de alerta. Después enuncia los diferentes trastornos, incluye la ansiedad por separación, mutismo selectivo, ( confundido con la inhibición),fobias específicas, fobia social,( de nuevo inhibición),t de pánico, agorafobia y ansiedad generalizada. Pone el foco en el objeto como causa para diferenciar un trastorno del otro, por ejemplo fobias específicas distintas de agorafobia, en detrimento del sujeto, a quien no interroga, al revés de Lacan, que justamente plantea que la causa es el vacío, no el objeto. Al confrontar la construcción de los DSM con los textos anteriores se evidencia en principio la lectura fenoménica, anula la singularidad, en el sentido de la significación que para ese sujeto tiene eso que devino en fobia o en duda, a favor de la estadística en la medida de que los requisitos diagnósticos se despliegan longitudinalmente en el tiempo, en la relación espacial y por la intensidad. En ningún momento plantea la relación con el deseo. Al desaparecer la palabra angustia, también lo hace el concepto, quedando el paciente perplejo e inerme frente a la pregunta de qué le está sucediendo. Hay un punto de coincidencia sutil que es que se plantea la angustia como algo” fuera de” pero la diferencia es saber qué hacer con ella. O es una apertura al deseo o se la cierra y silencia. ¿Por qué algo inherente al ser hablante se transformó en un trastorno? Las ideas de éstos nos remiten a la relación de objeto. Entonces la transformación de la angustia en trastorno de ansiedad quizás se deba a pretender sostener la presencia permanente de objetos, sustitutos del falo, sin el corte que señala la angustia, sin vacío, respondiendo ávidamente a la voracidad de un Otro insaciable, que impone su goce, hasta que el taponamiento resulta ominoso y acontece el estado de angustia, que se vive como una enfermedad que debe ser rápidamente resuelta para volver a “estar bien” y complacer el goce del Otro. Este cambio ¿implica un modelo de vida en garantía, eludiendo la subjetividad, taponada de objetos, que da consistencia a la idea de completud? Es decir renegando de la castración del Otro. ¿Se refiere a esto Lacan cuando menciona el goce infinito del capitalismo?

sucesos

Luego de la lectura de algunos conceptos superbásicos de física cuántica encuentro alguna semejanza con el pensamiento de Lacan y su concepción de lo Real como imposible, a la vez la posibilidad de producir fórmulas y conjeturas alrededor de eso que no deja de escribirse. La ruptura con la ciencia tradicional que produce Lacan, en el sentido de incluir al observador en el fenómeno y la imposibilidad de aislarlo del suceso también es compartida por los físicos cuánticos y casi resulta ser su diferencia más trascendente. Hay algo en la cuántica que remite a una escritura, la información que se mantiene o se anula, se trasmite, todo en pequeñas partículas que deciden el evento. Se me ocurre que los fonemas también son partículas y que de su combinación y de la escucha y lectura del paciente y el analista, se produce un sujeto. La partícula de dios, de Higg, por su función estructurante y necesaria, creo equivalente al S1, es lo mínimo que se puede encontrar como substancia de la materia. En ese sentido Lacan, toma de los estoicos, la idea que el lenguaje es corpóreo, es materia. Ambos sucesos, el comportamiento de las partículas y la producción de un sujeto, son impredecibles, solo luego de leer la huella se accede a cierto conocimiento del mismo. En general la lectura de este texto, las preguntas e ideas que formula, que se permiten ir más allá de la comprobación experimental me impresionaron por su cercanía al psicoanálisis y retorno a la filosofía, diferente de la física llamada clásica. No creo que se puedan articular ambas disciplinas en función de hallar un campo común, pero sí aceptar que la coincidencia en incluir como un elemento más del fenómeno al observador marca, a mi entender, el advenimiento de una posición novedosa, menos omnipotente, es decir castrada, en relación al objeto de estudio, sea éste el ser humano o su entorno. Luego intento hacer participar a los conocimientos aportados por la neurobiología en los últimos tiempos, en relación a la pregunta que me da vueltas de si se puede explicar la aparición de determinados recuerdos y /o la asociación libre. Quiero decir ¿se puede predecir qué aparecerá? Hasta el momento, nada de lo poco que leí, lo logra. Se explica la formación y desvanecimiento de los recuerdos que los interpreta como imágenes, no sonidos, pero porqué uno y no otro, dentro de la generalización, que ya Freud propuso, de la impronta emocional necesaria para que se promueva la conservación de algunos en detrimento de otros. Y en este punto, entonces, recurro inevitablemente a mi experiencia clínica, que sin alardear ya es muy vasta, y encuentro que a veces sí es posible intuir que algo aparecerá. Estoy segura que a todos los que trabajamos en esta práctica les sucede que en un momento preciso de una sesión, sin saber bien porqué, nos surge la pregunta: ¿soñaste? O ¿qué te ocurre de esta palabra? E inmediatamente adviene una serie de asociaciones que hacen que lo inconsciente se manifieste. Ese fenómeno único, irrepetible, poético, tan intenso como el “momento” de la física cuántica, cuando algo comienza a moverse y generar energía, conmueve mi curiosidad y a la vez me aleja de los intentos de la neurociencia de explicar un funcionamiento cuantitativo, standardizado, sin tener en cuenta lo cualitativo y singular. La neurobiología nos explica cada vez mejor cómo funciona el cerebro, y quizás sin darse cuenta, reduce la mente, a él. Y aquí es donde me encuentro con la filosofía, y la pregunta por el ser y la dificultad para concentrarla en el concepto de vida, en el sentido biológico del término. El ser como un mero portador de vida, un ejemplar o un sujeto único que se interroga. ¿Cuándo se interroga? Cuando se angustia. Aquí articulo otro tema en relación a la neurobiología, la filosofía y obviamente el psicoanálisis. No considero novedoso lo que descubre Damasio en el punto que las primeras percepciones, formadoras del conocimiento y almacenamiento de información proviene del cuerpo, ya lo había formulado Freud, intuitivamente y en la comprobación clínica. ¿Tiene tanta importancia qué empezó primero si la respuesta biológica o la simbólica? Sólo para el intento de clasificar y armar un universo finito de posibilidades, que es el objetivo de ciencia clásica. El ser hablante reconoce estas respuestas asociadas a determinadas circunstancias de alerta, miedo, angustia, rechazo, decepción. Cuando decimos: “se me paró el corazón” “me falta el aire” “esto no me lo puedo tragar” “me cago de miedo” “no tengo de dónde agarrarme” “se me mueve el piso” “todo me da vueltas” “casi vomito” “se me vino todo encima” “siento que me hundo” Ciertamente ese otro cuerpo, que es el del lenguaje, da cuenta de lo que construye la neurociencia, en relación a la amígdala, el hipotálamo y el hipocampo, pero queda el cabo suelto de porqué unos decimos una cosa y otros otra, eso, que es la subjetividad. Por estas apreciaciones es que encuentro un punto común con la física cuántica en cuanto modelo de pensamiento y vuelvo una vez más a sentirme alejada de la ciencia biológica.