En el salón de
ensayo no hay nadie
notas perdidas
abanican el aire
supo acaso que los
demás instrumentos
abandonaban sus
espacios
de a poco, con
armonía
Y se tapó los ojos
-como el gallito
ciego-
Suena un silencio
- que hiere más
que la mirada-
sus dedos, hacedores ahora
de una melodía muda
trituran las escalas

