Luego de la lectura de algunos conceptos superbásicos de física cuántica encuentro alguna semejanza con el pensamiento de Lacan y su concepción de lo Real como imposible, a la vez la posibilidad de producir fórmulas y conjeturas alrededor de eso que no deja de escribirse. La ruptura con la ciencia tradicional que produce Lacan, en el sentido de incluir al observador en el fenómeno y la imposibilidad de aislarlo del suceso también es compartida por los físicos cuánticos y casi resulta ser su diferencia más trascendente.
Hay algo en la cuántica que remite a una escritura, la información que se mantiene o se anula, se trasmite, todo en pequeñas partículas que deciden el evento.
Se me ocurre que los fonemas también son partículas y que de su combinación y de la escucha y lectura del paciente y el analista, se produce un sujeto.
La partícula de dios, de Higg, por su función estructurante y necesaria, creo equivalente al S1, es lo mínimo que se puede encontrar como substancia de la materia. En ese sentido Lacan, toma de los estoicos, la idea que el lenguaje es corpóreo, es materia.
Ambos sucesos, el comportamiento de las partículas y la producción de un sujeto, son impredecibles, solo luego de leer la huella se accede a cierto conocimiento del mismo.
En general la lectura de este texto, las preguntas e ideas que formula, que se permiten ir más allá de la comprobación experimental me impresionaron por su cercanía al psicoanálisis y retorno a la filosofía, diferente de la física llamada clásica.
No creo que se puedan articular ambas disciplinas en función de hallar un campo común, pero sí aceptar que la coincidencia en incluir como un elemento más del fenómeno al observador marca, a mi entender, el advenimiento de una posición novedosa, menos omnipotente, es decir castrada, en relación al objeto de estudio, sea éste el ser humano o su entorno.
Luego intento hacer participar a los conocimientos aportados por la neurobiología en los últimos tiempos, en relación a la pregunta que me da vueltas de si se puede explicar la aparición de determinados recuerdos y /o la asociación libre. Quiero decir ¿se puede predecir qué aparecerá?
Hasta el momento, nada de lo poco que leí, lo logra. Se explica la formación y desvanecimiento de los recuerdos que los interpreta como imágenes, no sonidos, pero porqué uno y no otro, dentro de la generalización, que ya Freud propuso, de la impronta emocional necesaria para que se promueva la conservación de algunos en detrimento de otros.
Y en este punto, entonces, recurro inevitablemente a mi experiencia clínica, que sin alardear ya es muy vasta, y encuentro que a veces sí es posible intuir que algo aparecerá. Estoy segura que a todos los que trabajamos en esta práctica les sucede que en un momento preciso de una sesión, sin saber bien porqué, nos surge la pregunta: ¿soñaste? O ¿qué te ocurre de esta palabra? E inmediatamente adviene una serie de asociaciones que hacen que lo inconsciente se manifieste.
Ese fenómeno único, irrepetible, poético, tan intenso como el “momento” de la física cuántica, cuando algo comienza a moverse y generar energía, conmueve mi curiosidad y a la vez me aleja de los intentos de la neurociencia de explicar un funcionamiento cuantitativo, standardizado, sin tener en cuenta lo cualitativo y singular.
La neurobiología nos explica cada vez mejor cómo funciona el cerebro, y quizás sin darse cuenta, reduce la mente, a él. Y aquí es donde me encuentro con la filosofía, y la pregunta por el ser y la dificultad para concentrarla en el concepto de vida, en el sentido biológico del término.
El ser como un mero portador de vida, un ejemplar o un sujeto único que se interroga.
¿Cuándo se interroga? Cuando se angustia.
Aquí articulo otro tema en relación a la neurobiología, la filosofía y obviamente el psicoanálisis.
No considero novedoso lo que descubre Damasio en el punto que las primeras percepciones, formadoras del conocimiento y almacenamiento de información proviene del cuerpo, ya lo había formulado Freud, intuitivamente y en la comprobación clínica.
¿Tiene tanta importancia qué empezó primero si la respuesta biológica o la simbólica? Sólo para el intento de clasificar y armar un universo finito de posibilidades, que es el objetivo de ciencia clásica.
El ser hablante reconoce estas respuestas asociadas a determinadas circunstancias de alerta, miedo, angustia, rechazo, decepción.
Cuando decimos:
“se me paró el corazón”
“me falta el aire”
“esto no me lo puedo tragar”
“me cago de miedo”
“no tengo de dónde agarrarme”
“se me mueve el piso”
“todo me da vueltas”
“casi vomito”
“se me vino todo encima”
“siento que me hundo”
Ciertamente ese otro cuerpo, que es el del lenguaje, da cuenta de lo que construye la neurociencia, en relación a la amígdala, el hipotálamo y el hipocampo, pero queda el cabo suelto de porqué unos decimos una cosa y otros otra, eso, que es la subjetividad.
Por estas apreciaciones es que encuentro un punto común con la física cuántica en cuanto modelo de pensamiento y vuelvo una vez más a sentirme alejada de la ciencia biológica.

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