Ese fenómeno único, irrepetible, poético, de constitución del deseo del ser hablante, tan intenso como el “momento” de la física, cuando un electrón comienza a moverse y genera energía. Siempre imprevisible y un hallazgo.
El comportamiento de los fonemas y del S1 en especial se asemeja al de las partículas por la incerticumbre de su recorrido y la necesidad de un observador/lector que lea su huella.
Luego de la lectura de algunos conceptos
superbásicos de física cuántica
encuentro alguna semejanza con el pensamiento de Lacan y su concepción de lo
Real como imposible, a la vez la posibilidad de producir fórmulas y conjeturas
alrededor de eso que no deja de escribirse. La ruptura con la ciencia
tradicional que produce Lacan, en el sentido de incluir al observador en el fenómeno
y la imposibilidad de aislarlo del suceso también es compartida por los físicos
cuánticos y casi resulta ser su
diferencia más trascendente.
Hay algo en la cuántica que remite a una
escritura, la información que se mantiene o se anula, se trasmite, todo en
pequeñas partículas que deciden el evento.
Se me ocurre que los fonemas también son partículas y que de su
combinación y de la escucha y lectura del paciente y el analista, se produce un
sujeto.
La partícula de dios, de Higg, por su función estructurante y necesaria, creo
equivalente al S1, es lo mínimo que se
puede encontrar como substancia de la materia. En ese sentido Lacan, toma de
los estoicos, la idea que el lenguaje es
corpóreo, es materia.
Ambos sucesos, el
comportamiento de las partículas y la producción de un sujeto, son
impredecibles, solo luego de leer la huella se accede a cierto conocimiento del
mismo
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