miércoles, 20 de mayo de 2015

el momento


Ese fenómeno único, irrepetible, poético, de constitución del deseo del ser hablante, tan intenso como el “momento” de la física, cuando un electrón comienza a moverse y genera energía. Siempre imprevisible y un hallazgo.
El comportamiento de los fonemas y del S1 en especial se asemeja al de las partículas por la incerticumbre de su recorrido y la necesidad de un observador/lector que lea su huella.

Luego de la lectura de algunos conceptos superbásicos  de física cuántica encuentro alguna semejanza con el pensamiento de Lacan y su concepción de lo Real como imposible, a la vez la posibilidad de producir fórmulas y conjeturas alrededor de eso que no deja de escribirse. La ruptura con la ciencia tradicional que produce Lacan, en el sentido de incluir al observador en el fenómeno y la imposibilidad de aislarlo del suceso también es compartida por los físicos cuánticos y casi  resulta ser su diferencia más trascendente.
Hay algo en la cuántica que remite a una escritura, la información que se mantiene o se anula, se trasmite, todo en pequeñas partículas que deciden el evento.
Se me ocurre que los fonemas  también son partículas y que de su combinación y de la escucha y lectura del paciente y el analista, se produce un sujeto.
La partícula de dios, de Higg,  por su función estructurante y necesaria, creo equivalente al S1, es  lo mínimo que se puede encontrar como substancia de la materia. En ese sentido Lacan, toma de los estoicos, la idea que  el lenguaje es corpóreo, es materia.
Ambos sucesos, el comportamiento de las partículas y la producción de un sujeto, son impredecibles, solo luego de leer la huella se accede a cierto conocimiento del mismo

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